lunes, 8 de diciembre de 2014

Princesita de los Andes





Racimo de luz divina, de las existentes, orientada a los andes enigmáticos. Su inocencia como su lucidez no eran más que una ironía hasta ese instante. Una mezcla pintoresca de colores que aumentaban, siendo totalmente innecesaria, la belleza de una sonrisa anclada en la pureza más absoluta.  Seis años de esperanza en un monstruo llamado Perú.  Esta diminuta ninfa de los Andes no sabe que Perú es su país, por adopción coactiva, que le representara por siempre, y que poco o nada hará para que ella, la princesita del altiplano peruano, se convierta en algo más que eso. Qué ironía la vida para unos y para otros. Perú puede ser una maravilla del mundo para los turistas ansiosos de aventuras pagadas con tarjetas doradas de crédito. Sin embargo, Perú es un compilado de la mierda más hermosa del mundo, los peruanos. Mientras esta niña baila sola al ritmo de las plegarias familiares impuestas por la matriarca de su séquito. Ella habla una frase en mil idiomas en búsqueda de la propina ansiada que el día pueda, valga la redundancia, propinarle. Perú, dónde los ricos son los pobres y la pobreza extrema se ve reflejada en la mentalidad de sus gobernantes y su clase dominante. Bienvenidos sean ustedes. 




"Lago Titicaca - Perú"
 Verano del 2013
 Fotografía y redacción por Denis Vásquez Al Vino 
 Nikon D3100 / Nikkor 18-55 f/3.5-5.6 AF-S

domingo, 17 de noviembre de 2013

Años Maravillosos




Una lágrima llama a otra. Es el incesante círculo vicioso, cruel e infinito, de la vida misma. Una sonrisa se convierte en tristeza, como cada enfermiza tarde de domingo al recodarla mientras intento sobrevivir a mi insensata naturaleza. Dicen que la alegría es efímera porque no es nuestra. Posesiones más posesiones menos. ¿De qué somos dueños? Si en realidad, nada nos pertenece en esta vida y es que vivimos sometidos a la adicción de arrendar momentos preciosos a costos muy altos. Y sí, no somos nada más que inversores de los sentimientos y el despilfarro es nuestro himno. Pagamos sin pensar y sin tener medios metálicos ni morales, en búsqueda del pago, para al menos osar en intentarlo. Hay quienes crecen soñando y otros que sueñan muriendo. Finalmente, esto es vivir señores. La aventura de saber que no somos lo que somos y soñar, sin antídoto, con ese alguien que ni siquiera podremos ser. En 1997, hubo una vez, tiempo lejano, cuando el intrépido adolescente tuvo catorce para quince años. La batalla entre el acné, los calzoncillos manchados y los dientes encarcelados, era una constante de cada día. Sin embargo, eran días de inocencia, jornadas estúpidas de explosión interna, y ansias por descubrirlo absolutamente todo. Yo nunca morí de joven porque los jóvenes nunca mueren o al menos eso es lo que dicen. Siempre busqué el significado de lo indescriptible, y aunque sin mucho éxito, luché por no claudicar en mis instintos hasta agotar lo poco de mi aún decente y pueril integridad. Hubo un momento en el que el sexo era un tabú por encontrar y de qué manera. No conocía el placer carnal ni mucho menos el espiritual. Era un colonizador en tierras hormonales cargadas de morbo  y prohibiciones. Mis orgasmos eran puros en esencia y mi mente, aunque demasiada inútil para el momento, fue fiel siempre a mis noveles erecciones. Un disco compacto original comprado con las propinas de papá. ¡Dios mío, qué placer gastar el dinero en música! Aún recuerdo mi primer álbum de Smashing Pumpkins adquirido como trofeo de guerra en la ya inexistente "Disco Centro" de la avenida Larco. Era un adolescente sin prejuicios y ansioso de pecados. Un paquete de Marlboro rojo fumado a escondidas durante el horario escolar. Una película porno suministrada por compañeros viejos en experiencia. ¿Qué era yo? ¿Qué éramos todos nosotros por ese entonces? Soy de la generación del 83 y crecí con Guns and Roses y Maradona a la cabeza. Nunca tuve voz ni tampoco necesitaba voto. Éramos inocentes y felices, o es que quizás simplemente "éramos". Cuando duplicas aquella edad que tuviste en tu adolescencia, la cronología no tiene compasión con los sentimientos ni con las vivencias. El tiempo no pasa en vano y nuestras muestras de haber vivido claman atención de forma incansable. Un neo-adolescente que se sonrojó oyendo las melodías ardientes del despiadado Billy Corgan nunca podrá volver a ser el mismo. Así como aquel porro que nos fumamos, melena al viento, en el parque de la vuelta. Ese sabor "sui generis" como cuando fuimos puros en sentimientos y en experiencias será siempre una sensación irrepetible. Pasó década y media para sentir nuevamente la sensación de escalofríos musicales como en la adolescencia.  Un quejido interno que clamaba nostalgia y aquella rebeldía que solemos perder con el tiempo. Ahora, Billy y yo mostrábamos barrigas bastante prominentes, y aunque él con menos pelo que yo, ambos poseíamos la tristeza de haber vivido alegremente todo este desenfrenado tiempo. Y sí, es lo bueno de vivir señores. Nadie nos quitará lo disfrutado aunque lo intenten. La vergüenza será mera anécdota, las cicatrices del trajín, un bastión para los herederos; y la factura de la vida, producto de nuestros inolvidables desmanes, serán gratis, ya que vivir no cuesta y recordar tampoco. Sin embargo, las riquezas acumuladas en el recorrido serán siempre infinitamente bellas.

"Remembranzas en Barcelona con Smashing Pumpkins"
 Otoño del 2013
 Fotografía y redacción por Denis Vásquez Al Vino 
 Nikon D3100 / Nikkor 18-55 f/3.5-5.6 AF-S

viernes, 27 de septiembre de 2013

Derramando el Vino



El verano apremiaba en la ciudad condal. Grados de más grados de menos pudo ser una tarde cualquiera, repleta de anécdotas fugaces entre el trajinar de turistas con sabor a calor o aventuras sin mayor importancia. Sin embargo, no iba a ser una jornada cualquiera. Aquella noche se presentaba en la ciudad el legendario elixir del rock y el blues, lo que en mi lenguaje natural siempre respondió al nombre de Eric Burdon, aquel cantante británico miembro fundador de la mítica banda "The Animals" y genio multicultural que lideró la inolvidable y sabrosa mixtura engendrada junto a los talentosos afroamericanos de WAR. Eric Burdon pisaba Barcelona, el mismo personaje que hipnotizó a generaciones enteras con aquella juvenil y  ahora aguardentosa melodía de su recorrida voz. Él tocaría aquella noche ante un nostálgico público barcelonés, que disfrutó hasta la última gota del concierto de un artista que, por momentos, pareció inmortal. La Sala Apolo de Barcelona dejó por unas horas su halo de modernidad y se vistió de gala para reverenciar a un clásico que, cincuenta años después de su eclosión, demostró mantenerse a un nivel sólo al alcance de los grandes de la música contemporánea. A sus casi 72 años, el mítico Burdon, a diferencia de otros monstruos de su generación, no vive de rentas de su pasado glorioso ni tampoco hace dúos absurdos, en búsqueda de un triste fajo de billetes, con celebridades baratas del mundo de hoy. Eric Burdon responde a la esencia natural de un verdadero mito del rock. En una actuación de más de una hora y media con altas dosis de pasión, el coloso de Newcastle abrillantó las obras maestras de The Animals y revisó algunas de las perlas de su decimosexto trabajo,  como lo es "Til your river runs dry". El público, formado mayoritariamente por la vieja guardia de jóvenes del 68, que crecieron musicalmente con la llamada 'Invasión británica' de The Beatles, The Rolling Stones y los propios The Animals, reverenció a un artista que, pese a las marcas de una vida dedicada a los excesos del "rock and roll", mostró que, en pleno 2013, aún da mucha guerra de la mano de composiciones nuevas, llenas de referencias a la política, la guerra o el medio ambiente. La voz de "The house of the rising sun" o "It's my life", sacó a la palestra su versión más combativa con un repertorio en el que mezcló lo mejor del pasado con sus nuevas composiciones llenas de referencias a la política, la guerra, el medio ambiente y la religión. Acompañado por una banda formada por dos percusionistas, dos teclados, un bajo y una guitarra eléctrica, Burton apareció de negro con unas lentes oscuras y empezó la noche con "When I was young" y "Water", dos rockeros temas que conectaron desde el minuto uno con un público que, pese a no llenar la pista de la sala del Paralelo barcelonés, se entregó al titánico esfuerzo del genio británico. Eric Burdon, quien está considerado como uno de los 100 mejores cantantes de todos los tiempos por la revista Rolling Stone no tardó en sacar a la palestra "It's my life", uno de los celebres temas de The Animals, que en pleno siglo XXI sigue sonando a las mil maravillas. Sin duda alguna, un óptimo directo de su ronca voz. De la actuación sorprendió, sobre todo, su fortaleza en el escenario. Quizás es por su casi intacta voz que, pese a su edad, se mantiene en un óptimo nivel en directo, lo que le permitió deslumbrar con "Bo diddley special", uno de los nuevos temas con un sonido propio del New Orleans más auténtico. "Misunderstodd" y "Get out this place", dos de las canciones más coreadas que sonaron a himno mientras la noche avanzó vibrante a base de melodías en las que las guitarras eléctricas y el teclado marcaban la cadencia brillante de la actuación. Fue con la mítica "The house of the rising sun" cuando Burdon alcanzó el cenit de la conexión con su público, que retrocedió, casi enloquecido, en el tiempo para rememorar una época en la que las ideas imperaban por encima de la economía. Por si fuera poco, Burdon se guardó otra sorpresa para el final con "I'm crying", que puso un soberbio punto y final a una noche en la que reafirmó por qué, pese al inevitable paso de las décadas, sigue siendo uno de los padres del "rock and roll". Y así lo reconoció el público de la capital catalana con una cerrada y unánime ovación final para reafirmar que las leyendas nunca mueren. En lo que a mi respecta, había vivido en carne propia la experiencia de conocer a aquel héroe de infancia que se atrevió a plasmar una calurosa discusión con una amante mexicana en su mítico cántico "Spill the Wine". El titán británico, que siempre se manifestó a través de un viejo cassette regrabado por mi padre, se encontraba frente a mi interpretando todas esas canciones con las cuales crecí y envejeceré. No había asistido a un concierto de rock donde conservar mi entrada significaría un trofeo de guerra. Por el contrario, tuve una cita con mi historia, donde mis sentimientos se expresaron a través de escalofríos musicales, recuerdos cómplices de momentos imborrables y un puñado de lágrimas alegres que siempre estarán sedientas de más vino derramado.


"Derramando el Vino con Eric Burdon"
 Verano del 2013
 Fotografía y redacción por Denis Vásquez Al Vino 
 Nikon D3100 / Nikkor 18-55 f/3.5-5.6 AF-S

domingo, 28 de abril de 2013

Desamores




El amor, cuantos recuerdos hermosos nos hace evocar esa palabra mágica. Aunque para infinidad de personas estos recuerdos van acompañados de terribles momentos de dolor, sensación de fracaso e incluso inseguridad. El amor nos debería hacer felices y debería ser un instrumento para hacernos más completos, en todos los sentidos. El problema viene cuando nos encontramos ante un fracaso sentimental, o incluso varios. Este tipo de sucesos nos hace, en ocasiones, infravalorarnos y cuestionar nuestra valía, ciega e innegable, como personas, lo que comúnmente nos arrastra a una crisis que podríamos denominar "existencial" y que en casos extremos puede desembocar en depresión. Hay personas que se culpan a sí mismas de estos fracasos de pareja, recordemos siempre que la pareja está compuesta por dos, por lo tanto el fracaso no suele ser sólo consecuencia de las acciones de una sola persona, lo que sin duda es un error. Es imposible describir todos los sentimientos que pueden inundar a una persona que está pasando por ello, porque cada persona es diferente de las demás y, por tanto, estos tipos de ideas son infinitos. Existen varios modelos que han sido propuestos por investigadores del tema, pero centrándonos en el de “Rusbult”  que explica las razones de los fracasos amorosos quizá consigamos encontrar una explicación a porqué se producen, y el reconocimiento de éste nos ayude a encontrar el camino para superarlo. Normalmente es un miembro de la pareja el que se da más cuenta de que la relación está empezando a resquebrajarse. Ante esto, puede tomar dos caminos el activo o el pasivo. No podríamos decir cuál es el más apropiado, porque como ya he dicho anteriormente, cada persona es un mundo. La decisión más drástica, aunque no por ello la peor consiste en cortar con la relación, esta es una decisión activa negativa; activa porque hace algo pero negativa porque no intenta arreglar las diferencias. Pero hay que tener en cuenta que aunque quizá sea la que más nos duela, hay muchas veces que es el modo más sano de terminar con una relación que nos está destrozando. Otra opción más positiva es intentar arreglar los problemas que existen en el seno de esa relación; esta decisión es sin duda muy positiva, porque se ve que todavía hay interés en la pareja. Pero hay ocasiones en las que no supone si no una pérdida de tiempo porque quizá ya se ha intentado más veces y no ha funcionado, pero hay verdadero temor a romper con la pareja y se sigue intentando sin acierto.Dentro de las opciones pasivas está el abandono de la relación esperando que los problemas se vuelvan cada vez peores, esta es una decisión nefasta, es una actitud sumamente cobarde, ya que demuestra lo poco que le interesa su pareja porque no hace nada por arreglar los problemas ni tampoco un intento de terminar con la relación, sino que se mantiene pasivo y sin esperanza, lo que sin duda minará a la pareja sin remedio. La última opción que nos proporciona este modelo es lo que se denomina lealtad, que consiste en no hacer nada esperando que la relación se recupere por sí misma. Esta es una opción que tampoco es la apropiada porque no intenta solucionar los déficits de esa relación, pero, sin embargo, aunque no sea de la mejor manera posible demuestra que aún hay interés por la pareja, aunque no tenga el valor suficiente para enfrentarse a los problemas cara a cara. Está claro que cualquier solución que se tome en este sentido es dolorosa porque acaba con la pareja, pero conociendo los caminos que la llevan a dar por zanjada su relación, es probable que entendamos algo más de esta situación que todos esperamos que nunca nos ocurra, ni como agentes ni como pacientes, porque de igual modo es una situación difícil de afrontar, pero que sin ninguna duda no es un determinante que nos pueda privar de la felicidad que nos espera en el camino que es nuestra vida. Finalmente, en el mar de los sentimientos muchos amores nadarán como peces a través de nuestra existencia. El que no haya perdido amores será porque nunca ganó otros .  No se puede entender realmente el significado verdadero del amor sin su agridulce consecuencia llamada desamor. Y la gran pregunta es: ¿Cuándo tirarás definitivamente el anzuelo? 


"Juego de pareja en Barcelona"
Primavera del 2013
Fotografía y redacción por Denis Vásquez Al Vino 
Nikon D3100 / Nikkor 18-55 f/3.5-5.6 AF-S

viernes, 1 de febrero de 2013

Tiempos Violentos



La ciudad de Barcelona resiste la crisis y va en la buena dirección al mantenerse entre las cinco mejores ciudades de Europa para hacer negocios, es la sexta en proyectos de inversión extranjera y  la cuarta en perspectivas empresariales de exportaciones. Ésta es una de las conclusiones a las que han llegado en la Cámara de Comercio de Barcelona y el ayuntamiento de la ciudad tras analizar el informe anual del Observatorio de Barcelona, que recoge los resultados de 28 indicadores relativos a seis ámbitos: negocios, conocimiento, turismo, sostenibilidad y calidad de vida, precios y costes, y mercado de trabajo y formación.
El informe, sitúa a la capital catalana como la quinta ciudad preferida para hacer negocios, detrás de Londres, París, Frankfurt y Bruselas. Las estadísticas y los números parecen, a simple vista, saludables para el ojo de quien no conoce o peca de ciego, ante la verdadera  realidad de esta hermosa gran ciudad. ¿Qué es Barcelona? Uno de esos grandes problemas, ante una juventud un tanto adormecida por la costumbre y unas autoridades que deambulan entre sus despachos, ha de ser la existencia de mendigos por doquier, los cuales resultan hasta pintorescos para los ridículos turistas que suelen tomarles como objeto turístico. Una ciudad de un millón y medio de habitantes, donde un gran porcentaje de los mismos han de ser extranjeros, entre turistas que se quedan, estudiantes que piensan en vivir un idilio o nómades que sólo gravitan alrededor de su adicción por esta gran urbe. Una ciudad cogida para la noche y el desenfreno con sus respectivas consecuencias, debería mantener un orden y equilibrio dignos de una ciudad del nivel de Barcelona. Entre tanto, y muy al margen de aquellos bizarros y pasivos habitantes foráneos, también podemos distinguir aquella lacra inmigrante que atenta contra los principios básicos de toda convivencia. Gente inherente a la delincuencia a pie de calle, prostitución descontrolada e impune comercialización de drogas. La ley está para violarla podrían decir todos, desde el turista que mea en un árbol, pasando por el moro que te arrebata la billetera y terminando por el político corrupto de traje y corbata. ¿Puede vivir una sociedad inmersa en un constante maquillaje? Muy bonito sí, aire cosmopolita de gente que se imagina gente. Colores y belleza  que te roban el pensamiento. Fútbol, sexo y rockandroll. Experiencias que te marcan la vida por las buenas o por las malas. Miseria humana y riqueza externa.  Y nuevamente, me vuelvo a preguntar ¿Qué es Barcelona? Una ciudad de nadie donde se puede todo por nada, aunque al final todo esto salga realmente caro.


"Mendigo en el metro de Barcelona"
Invierno del 2012
Fotografía y redacción por Denis Vásquez Al Vino 
Nikon D3100 / Nikkor 18-55 f/3.5-5.6 AF-S

martes, 22 de enero de 2013

Cuestión de Colores



¿En qué se diferencia Oriente de Occidente y viceversa? En tanto Occidente siempre ha mostrado un mayor interés por lo racional, lo jurídico, lo organizativo y lo práctico, Oriente lo hizo por las cuestiones especulativas, el simbolismo y la mística, permaneciendo en la tradición sin admitir impulsos destacados de progreso o desarrollo. Tales diferencias fundamentales pronto se trasladaron a las relaciones  “Iglesia – Estado” Los orientales insertos en el mundo de las ideas renunciaron al mundo profano que entregaron totalmente el dominio y custodia del Estado. Al referirme a un mundo sin fronteras, estoy usando una definición similar a la actualmente más popular: La Globalización, que igualmente señala y agrava las antiguas contradicciones. De la Globalización se suele afirmar con frecuencia que se trata de un proceso de “OCCIDENTALIZACION” del mundo.  Al respecto parece existir un acuerdo tácito entre sus defensores y sus detractores; aquéllos que comparten una visión optimista ven en ella una contribución de la civilización occidental al mundo contemporáneo. Otros, en cambio la distinguen como un instrumento para ahondar las diferencias entre el mundo hiperdesarrollado y el subdesarrollado. Conozco y leo a pensadores eurocentristas, que hablan y escriben una historia hecha a la medida de esa percepción, resaltando orgullosamente que todos los desarrollos fundamentales se originaron en Europa. Considero que comenten un grave error conceptual pecando de ignorancia histórica al destacar al pensamiento eurocentrista, como el punto de partida de la civilización y la cultural mundial. Hay que tener en cuenta que la “HISTORIA DE LAS IDEAS”, permite realizar constataciones bastante sorprendentes y reducir algunas concepciones a su justo valor. Es justo reconocerle a Europa que con la fuerza renovadora del Renacimiento, luego con el apoyo de la Ilustración, más tarde de la Revolución Industrial y por último merced al aumento masivo en los niveles en tecnología y de educación (conjuntamente con Estados Unidos y Japón), concretaron un aporte importantísimo a la cultura mundial, que sólo, algunos supieron aprovechar; en tanto, en otros atizaron el fuego de una confrontación inscripta en el desnivel que existe y que se ahonda entre los países industrializados que con sus políticas proteccionistas y practican la conducta del "más fuerte". Es importante tener en cuenta que en aquel mundo que recoge la Historia Antigua, las culturas no pueden analizarse ni catalogarse como un producto de circunstancias locales. Analizando el punto de partida de muchos desarrollos que han ido cambiando los perfiles de múltiples sociedades, el aporte del Occidente eurocentrista ni siquiera aparece. Es recién en el siglo XV, cuando se concreta lo que los geopolíticos denominan  "EL ATLANTICO TRANSVERSAL"; cuando Europa descubre Amerindia, con todas sus riquezas y sus culturas aborígenes; cuando observa asombrada los testimonios que los conquistadores, muy pronto convirtieron en ruinas (hoy turísticas como las pirámides de los Mayas, el cero del calendario Azteca o las ruinas de Machu Picchu). Fue el siglo XV cuando Europa se asomó al MUNDO SIN FRONTERAS, que antes había sido conocido por vikingos y fenicios. Recordemos que Colón llegó a La Española por un error de apreciación equinoccial y Vicente Yánez Pinzón arribó a costas del norte brasileño gracias al beneficio de los vientos alisios. No es necesario llegar a la Ilustración ( mucho menos al Romanticismo)  para que surgiera la existencia de un mundo ampliado, intercultural. Esto también se lo debemos a los pueblos del mar, a la evangelización jesuítica y dominica en Indoamérica como en el Lejano Oriente; al asiento de los moros en la península ibérica, puente al fin, por el cual el Occidente, nuevamente, descubrió una deuda con la cultura greco-romana, expresadas en su religión y en su arquitectura. ¿Y sería posible en pleno siglo XXI imaginar un mundo sin fronteras? Un mundo donde tanto individuos de Occidente y Oriente logren superar aquellas barreras socioculturales y religiosas, fomentando  la unión de ideas y el respeto mutuo por sus respectivas historias. Aquel mundo donde los conflictos pertenezcan a un pasado arcaico y donde sea posible imaginar un alentador futuro cada vez más fructífero entre los pueblos. Sí hay pecados que no le gustan al divino que dice estar ahí arriba,  supongo que el mío al pecar de utópico no le incomodará en lo más mínimo. Total, Dios también se vendió al dinero y  éste a las armas, sus extremidades favoritas.


"Hombres de Oriente y Occidente, Marruecos"
Verano del 2010
Fotografía y redacción por Denis Vásquez Al Vino 
Nikon D3100 / Nikkor 18-55 f/3.5-5.6 AF-S


viernes, 18 de enero de 2013

Mujeriegos




Ya no existen hombres de verdad. ¿Cuántas veces no hemos escuchado ésta frase en boca de alguna mujer? Es realmente lamentable ver cómo ahí afuera hay hombres que simplemente se encargan se difuminar la imagen que las mujeres poseen sobre la verdadera masculinidad. En mi experiencia, a lo largo de mi largo recorrido humano, he logrado identificar que existen dos tipos de hombres que generan una atracción poderosa en una mujer. Por un lado, se encuentran los típicos  mujeriegos de la vieja escuela. Mientras por el otro, aquellos seductores reales, una raza de hombre condenada casi a la extinción. El mujeriego es un triste fantasma de masculinidad, marcado por espectros de un pasado espinado que tiene frecuentemente la imagen de una mujer que le dañó. Es un mentiroso por esencia, y un experto jugador de emociones. El mujeriego posee habilidades seductivas innatas o aprendidas a lo largo de su vida, habilidades sumamente poderosas que le permiten literalmente estar con cualquier mujer que desee. El mujeriego es un lobo con piel de oveja, pose  una destreza impresionante para manejar sus palabras, que llegan en el momento justo a oídos de mujeres que desean un escape a su gris rutina de vida. El mujeriego es un oportunista, y no necesita de grandes esfuerzos para acercar a una mujer a su lado porque sabe que ellas ya se sienten atraídas hacia él casi de manera automática. El mujeriego, animal omnívoro por naturaleza,  atrae a las mujeres con mentiras y falsas expectativas de un romance perfecto, vendiendo ideas de relaciones duraderas y estables a la a las desdichadas. El mujeriego conoce perfectamente que las mujeres son seres emocionales e idealistas por origen, y usa sus habilidades manipuladoras para sacar provecho de ellas prometiéndoles bases estables de un futuro de augurio emocional, cuando en realidad basa su teoría en una vana mentira. Cuando una mujer dice "Yo nunca podría estar con un hombre como tú", él lobo se ríe internamente, porque sabe que tarde o temprano ella caerá en sus redes irremediablemente. Un mujeriego oculta su verdadera identidad a las mujeres que desea seducir, cuando le preguntan si ha estado con varias chicas, él lo niega rotundamente, el "TE AMO" es su frase estandarte, y el "ERES LA ÚNICA" es simplemente su escudo de batalla. Si tiene novia, dice que no la tiene, si es casado lo oculta aún más, aparenta ser el jinete que toda mujer desea, cabalgando sobre un caballo blanco y cargando un cofre con oro titulado "FELICES POR SIEMPRE". El mujeriego es un artista de lo falso, juega con la mujer que está a su paso y logra tener de ella todo lo que desea, y ella le da todo sin restricciones porque ella está esperanzada de que algún día, él lograra cambiar, y ella vive día y noche luchando para que así sea. Para ella, el querer cambiar al mujeriego es una sensación adictiva que la lleva a cometer enormes estupideces. Sin embargo, ella NO sabe que todo lo que el mujeriego hace es porque en su interior tiene un miedo terrible a ser rechazado por los seres que odia y teme, es decir, las mujeres, porque para él, el estar con una mujer es lo único que le brinda identidad y validación. Una triste paradoja, la sentencia frecuente para aquel intento de hombre. Al final del día la historia siempre tiene el mismo desenlace. Un mujeriego que huye hiriendo con su estocada a cada mujer que encuentra en el camino y una mujer que llora porque una vez más alguien jugó con sus sentimientos, dejándole un amargo sabor de boca que ella tratará de desquitarse con todos los buenos tipos que lleguen a su vida, desquitándose con ellos de todos los males que el mujeriego le dejó y dejando una estela de hombres destrozados que la culparán por sus sueños rotos.  Al final de la historia, todo ha de ser un complicado circulo vicioso que se repetirá una y otra vez sin pausa ni prisa, ya que el mujeriego tiene su origen en la mujer. Aquel ser que se creó por el dolor varonil desde épocas arcaicas. Una dulce condena convertida en cuerpo y alma, digno motivo de disfrute y sufrimiento al cual todos estaremos eternamente sentenciados.


"Hombre romano contemplando el panorama"
Primavera del 2012
Fotografía y redacción por Denis Vásquez Al Vino 
Nikon D3100 / Nikkor 18-55 f/3.5-5.6 AF-S

jueves, 20 de diciembre de 2012

Érase unas Melenas




Dicen que cuando uno es niño siempre asocia su infancia a algún héroe más ficticio que real. Durante el verano de 1990 crecía en mí un apetito insaciable por descubrir nuevos universos ajenos a la infantil rutina, tan aburrida  y simple, que me correspondía como un niño normal. Se iniciaban los maravillosos años 90’s y no obstante, yo era un niño proveniente de una Lima clase mediera, convulsiva y preocupante, que respondía al prefacio de una década que fue importante para mi país y también para el mundo en general.  Sin duda alguna, los años 90’s fueron mi infancia, pubertad y adolescencia. Un sinfín de vivencias, tan alegres como tristes o una mezcla de ambas sensaciones pero jamás aburridas, que terminaron por determinar aquella personalidad que practico hasta el día de hoy. Aquel conglomerado de aventuras alegró mi existencia durante los años más importantes de la primera parte de mi vida.  La música, sin duda alguna fue el arma principal que utilicé para adentrarme en mi particular descubrimiento y colonización del mundo que aparecía cada día por mi mente. A través de mis ojos y oídos, supe apreciar momentos inolvidables que marcaron mi vida de pequeño infame y de qué manera. En lo personal, resulta inevitable hablar de música cuando narro parte de mi biografía. Es por ello, que uno de esos hechos trascendentales durante mi niñez se consumó mientras culminaba mis aventurados siete años de edad cuando recibí, de manos de mi padre y mentor varonil, mi primera cinta teledirigida y  grabada en un “cassette” re-grabado. Aquel pedacito de plástico oscuro transparente llamado “Sony de 90 minutos”,  y que respondía por el lado “A” al título de “grandes éxitos del rockandroll” en su etiqueta blanca y azulina, mientras que por el lado “B” una firma que decía Kike, seudónimo eterno de mi padre. El contenido de dicho material musical era más que exquisito para el paladar de quienes amamos la buena música. Un recopilatorio de temas tan profundos como legendarios que pasaban por  la magia de Eric Clapton & Cream,  el estruendoso sonido de Rollings Stones, el exotismo de Eric Burdon, la oscuridad de Black Sabbath, el melódico chillido de Whitesnake y cómo no, las profundas sinfonías del todopoderoso Deep Purple. En el año 90 no existía internet ni medios de comunicación  accesibles sí es que querías enriquecerte de cultura musical, como era mi caso. Mi investigación melómana estaba reducida a recortes de esporádicas revistas de rock o antiguos fanzines coleccionables que solían ofrecer los vendedores ambulantes de la música, aquellos pintorescos personajes quienes tenían la gran labor de regrabarte las melodías originales de algún viejo y olvidado vinilo en algún cassette de 90 minutos. En consecuencia, mi imaginación cumplía una función  determinante en mi investigación musical. Me veía ceñido a aquellos tan necesarios cassettes regrabados con portadas en fotocopia blanco y negro de algún lejano e inhóspito LP. La aventura de crecer conociendo música a través de la imaginación engrandecía mi idea por aquellos titanes del rock, con quienes decidí crecer hasta el fin de los días. Yo estaba seguro que en algún lugar del planeta se encontraba el autor de aquella obra de arte llamada “Child in Time”. Los gemidos sentimentales interpretados por  aquel hermoso y casi esculpido “Ian Gillan”  de cuidada e inmensa cabellera y mirada delatadora típica de una estrella del rock,  jugaron un papel importante para mi. Sin duda, Deep Purple marcó gran parte de mi vida ya que crecí y aprendí mucho con ellos como banda sonora de mi temprana existencia. Recuerdo siempre la primera vez que tuve la oportunidad de ver a mis dioses paganos en vivo. Una noche calurosa de marzo del año 97 llegaron a Lima para regalarnos dos horas  y media de deleite y ensueño musical. El dios “Ian Gillan” recién iniciaba sus  cincuenta y pocos años, en otras palabras, un muchachón como diría mi padre. Aquel ángel del rock poseía una melena larga  aún castaña oscura pero ligeramente maltratada por el paso del tiempo. Su voz manifestaba el cansancio típico de los años post juventud y el prefacio de la verdadera adultez con horizonte a la decadencia humana. Mis titanes se encontraban en la resaca de la vida, algo así como intentando adaptarse a los años de seriedad como exige la ley de la vida, más aún después de tantos años tormentosos de excesos, locura desenfrenada y alegría sin control. Sin embargo, por mi retina estaba viendo a Ian Gillan y los Deep Purple, es decir, sólo podía disfrutar del placer de estar viendo en persona a un dios de mi infancia, del cual siempre me contaron que existía y que por el contrario de  otros dioses que nos intentan imponer de niños, el mío estaba frente a mi cantándome y desde luego haciéndome muy feliz. Aquel sentimiento contenido en ese momento era indescriptible, tal como narra mi padre cuando cuenta la historia sobre aquella noche  donde mi rostro emanó una alegría sin precedentes. Después de aquella noche nada volvió a ser igual y el tiempo desde esa vez  cumplió fielmente con su trabajo, es decir, avanzar para todos sin pausa y cada vez con mayor rapidez. Desde entonces y hasta la actualidad, pasaron por mi retina otros mil y un encuentros en vivo con dioses de mi niñez pero nunca con la intensidad como cuando estuve frente a frente con el mítico Ian Gillan. No obstante, y demostrando que realmente la vida sí suele regalarnos agradables sorpresas, durante este año 2012 ya agonizante, la brújula de mi vida me permitió aterrizar en las gélidas tierras alemanas en pleno mes de diciembre. Mi impresión fue indescriptible cuando me di cuenta que mi estadía coincidía con la presentación en vivo de “Deep Purple” en aquella ciudad donde me encontraba, lo cual significaba que  volvería a ver en persona a mis dioses de la infancia nada más y nada menos que quince años después de aquella primera vez en Lima. Lo que sucedió aquella noche congelada de diciembre no podría describirla con palabras, ya que hay veces en la vida donde las emociones se expresan en silencio y para uno mismo. Sin embargo, el tiempo evidentemente había pasado para todos y sin respeto alguno para muchos. El anciano Ian Gillan con la voz parchada, el pelo canoso corto y una vestimenta de aquel típico hombre que inicia los setenta pero que intenta verse aún ridículamente joven, fue la mejor postal de la noche. Los movimientos torpes y las notas vocales ya casi ausentes, no fueron motivo para que la velada con aquellos titanes del rock deje de ser mágica. Todos habíamos cambiado poco o bastante desde 1997. Mis dioses paganos estaban entrando en la ancianidad por lo que su físico les delataba evidentemente. Pese a eso, la calidad de su música era aún excelente pero con muestras de cansancio en todo momento. En lo personal, yo tampoco era aquel jovenzuelo alocado que melena al viento quería comerse al mundo sin importar las consecuencias.  Ahora mis primeras entradas en la frente, la voz más grave de lo normal y una barriga de orgullo varonil también me delataban sin compasión alguna. Era una realidad y teníamos que aceptarla. Ian Gillan y yo ya no poseíamos aquellas melenas inmensas y todopoderosas que combinaban con nuestros pantalones apretados. Mientras él entraba a la vejez sin retorno, yo iniciaba la adultez de los asuntos serios. Sin embargo, ambos aún éramos fieles y devotos infinitos del rockandroll. Algo que no expira con la vejez ni se extingue por las taras impuestas durante la vida misma. Por este  y mil motivos más, aquel encuentro con Ian Gillan fue más sentimental que el primero, ya que significaba para mí una especie de despedida con aquel personaje de infancia con quien decidí crecer. Ésta vez, acompañado de un gran vaso de cerveza y algunas lágrimas símbolos de mi particular sentimentalismo puro, me despedí de mi dios a mi manera personal y cantando juntos aquellos himnos melodiosos que nunca pasarán de moda para mi, ni para él ni para nadie que esté involucrado realmente en la historia del rock y la buena música. Estoy casi seguro que no volveré a ver en vivo a “Ian Gillan” pero su imagen siempre perdurará en mí a través del tiempo. Así como también perdurará en mí aquella melena inmensa de rebelde con causa que emuló a mis dioses de infancia durante muchos años y que fue mi estandarte de batalla ante la simpleza que, como durante los años de mi infancia, intentó imponerme la hipócrita sociedad con sus tontas artimañas. Al día de hoy y a portas de iniciarme en la década de los 30, me siento realmente  afortunado por haber crecido de una manera diferente y creyendo en dioses que realmente existían y que tuve el placer de ver y disfrutar. Cuando eres niño la imaginación es nuestra religión y los superhéroes son nuestros verdaderos dioses. En lo que a mí respecta, creo que  he logrado satisfacer con creces esa imaginación que alimenté desde niño y por suerte, conservarla intacta hasta el día de hoy. Finalmente, dicen que los dioses  nunca mueren sí es que hay al menos alguien en este mundo realmente dispuesto a rendirles pleitesía, razón por la cual, estoy seguro que Ian Gillan y mis dioses de infancia jamás morirán.

"Emocionante concierto con Deep Purple en Alemania"
Invierno del 2012
Fotografía y redacción por Denis Vásquez Al Vino 
Nikon D3100 / Nikkor 18-55 f/3.5-5.6 AF-S



jueves, 13 de diciembre de 2012

Rockandrolla





Hay personajes en el mundo del rock que son famosos a pesar de que nunca hayas escuchado un disco de ellos. Sin duda alguna, “Lemmy” Kilmister es uno de esos personajes legendarios en cuestión. Más allá de ser el fundador y cantante de la mítica banda Motörhead,  Lemmy brilla con luces propias por su pelo largo, sus verrugas, su vida llena de vicios y mujeres, su voz rasposa aguardentosa y mierdosa, su afición al whisky, su sistema inmune sobrenatural y por su puesta en escena tan clásica como reconocible. En mis casi tres décadas de vida tuve la oportunidad de ver a este demonio viviente en lugares tan diferentes como en mi lejano Perú, mi adoptiva  Catalunya y la última vez en aquella congelada y siniestra Alemania en pleno mes de diciembre. Debo admitir que cada vez fue tan brutal como la anterior pero a la vez significativamente diferente. Mi última experiencia con Motörhead  en Alemania fue realmente genuina. La noche prometía demasiado con Anthrax como telonero y un frío que te congelaba hasta las hormonas. Mi chaqueta de cuero junto a mi vaso gigante de cerveza de casi dos litros serían mis únicas compañeras en mi cita con el rockandroll. Ahí parado entre tantas melenas rubias alcoholizadas me sentí realmente privilegiado, puesto que vivía en carne propia la sensación y el espíritu de Motörhead en una nueva versión. Cabe resaltar, que no es lo mismo saltar, cantar, golpear tus músculos y ahogarte entre el sudor del alcohol cuando bordeas los 20  años que cuando ya los finalizas. Sin embargo, me sentí con la misma ilusión como si estuviera en mi primer concierto de rock. Son los efectos de vivir una presentación en vivo de Motörhead, pues el día que lo vives te metes automáticamente en la historia del rockandroll, es decir, formarás parte de la leyenda. Ian Fraser “Lemmy” Kilmister nació el 24 de diciembre de 1945 en Burslem, Gales. Se crió con su madre en Anglesey, ya que su padre era un sacerdote protestante que un día estuvo con su madre y al día siguiente desapareció, quizás de ahí el odio a las religiones que siempre ha expresado. El pequeño Lemmy desde siempre había adoptado la faceta de hombre tosco y rebelde, lo que obedecía a su enojo en respuesta a lo que su padre había hecho. La relación de Lemmy con el rock comenzó cuando éste era muy pequeño y conoció a “The Beatles”. Los cuatro de Liverpool le volaron la cabeza hasta el punto de viajar a Liverpool sólo para verles tocar en la Caverna. Sí, Lemmy se puede jactar de haber visto a los Beatles tocando en vivo antes de grabar un solo disco. Al ver a tantas chicas guapas gritando por Lennon y compañía, Lemmy decidió que él también quería ser un rockstar. Tal como ha dicho en un sinfín de entrevistas: “El único negocio que me ha gustado por lo de las mujeres guapas, todos los rockeros metidos en esto las tienen a montones, y a mí siempre me han gustado las mujeres guapas, por lo que lo consideré que sería una buena idea". Lemmy aprendió a tocar bajo  de muchas personas y practicando en casa. Nunca tuvo estudios de música,  él sólo quería tener una banda de rock, pero no se sentía atraído en lo más mínimo por las consignas pacifistas y hippies de aquellos años. A él le iba el rock and roll más primitivo, el de Elvis, el de Little Richard, Jerry Lee Lewis. A este demonio viviente le iba la calle, la juerga y las nenas físicamente inteligentes. En 1975 Lemmy formó  su banda estandarte junto con el guitarrista Larry Wallis y el batería Lucas Fox. El grupo se llamó originalmente Bastard pero fue cambiado posteriormente a Motörhead, el título de la última canción que Lemmy compuso para Hawkwind. El nombre de la canción "Motörhead" proviene de la jerga para denominar a un consumidor de anfetaminas. Poco tiempo después ambos músicos fueron reemplazados por el guitarra "Fast" Eddie Clarke y el batería Phil "Philthy Animal" Taylor y fue con esa formación con la que la banda empezó a ser conocida. Los mayores éxitos del grupo vinieron en los años 1980 y 1981 cuando entraron en las listas del Reino Unido gracias a la canción Ace of spades. Esta canción se convirtió en un clásico inmediato y en una referencia para todas las bandas metal, trash, hardcore e incluso punks de los años siguientes. Lemmy finalmente lo había conseguido, es decir,  la fama, rock and roll, fiesta y mujeres guapas. Las letras de las canciones de Motörhead hablaban generalmente de guerra, la lucha entre el bien y el mal, abuso de poder, sexo, abuso de sustancias, y la vida en la carretera. Su música tiene un solo denominador común: sonar rápido y fuerte, muy fuerte. La voz de Lemmy y su estilo en el bajo sobrevivirían a los cambios de formación y darían a Motörhead un sonido reconocible e irrepetible. A pesar de la enorme influencia que la banda ha ejercido sobre toda la música metal moderna, ellos no se hacen cargo y se tildan a sí mismos como una banda de “Rock and roll. Sin embargo, lo que hace más reconocible a Lemmy es su vida privada, llena de todos los vicios posibles, tales como ser un fumador empedernido, bebedor de whisky profesional, ya que bebe por lo menos una botella de Jack Daniels al día, consumidor de todo tipo de drogas: speed, antefaminas, ácidos, éxtasis y excepto la heroína, ya que Lemmy tuvo una mujer a la cual amó, sin embargo ella murió por una sobredosis de heroína; desde entonces Lemmy odia aquella droga. El hijo de Lemmy declaró en una entrevista:  “Mi padre un día vino y me dijo: hijo prométeme que jamás consumirás heroína. Mejor ponte speed y pastillas, es mucho más sano”. Otra faceta de Lemmy es su lado mujeriego, puesto que presume de haberse acostado con más de mil mujeres, seguramente la mayoría grupies y relaciones fugaces como todo buen rockstar llevaría a cabo. A decir verdad  es un milagro de la naturaleza que éste hombre a sus  66 años siga llevando este ritmo de vida, tocando como una máquina descontrolada y componiendo como si tuviera veinte años. Lemmy es una leyenda viviente, un tipo único que le da al rock alegría y fiesta. Sin duda alguna, un mal ejemplo para todas las personas con un poco de sentido común. No obstante, el rockandroll no entiende de ligeros objetivismos y caretas sociales tan absurdas. La esencia del Rock es vivir como un superhéroe, ser un gladiador de mil batallas y porque no, una especie de dios pagano a quien adorar para combatir la rutina tan simplista que suele ofrecernos la vida.¡No te mueras nunca Lemmy!


"El poder de Motörhead en Alemania"
Invierno del 2012
Fotografía y redacción por Denis Vásquez Al Vino 
Nikon D3100 / Nikkor 18-55 f/3.5-5.6 AF-S

martes, 27 de noviembre de 2012

Cabaret



Dicen que el cabaret nació con la Revolución francesa en la segunda mitad del siglo XIX. El significado de esta palabra era taberna y se la empezó a utilizar para denominar los shows de espectáculos. El cabaret, era una mezcla de música y baile con el humor, el ilusionismo y otras artes. También se mostraban en muchos shows las pantomimas de homosexuales y lesbianas, un tema tabú para la época pero de mofa general hasta la actualidad y más aún en lares oscuros como éste. Uno de los cabarets más famosos fue el Moulin Rouge de Paris, construido en el año 1889 por el carismático Joseph Oller, y que sin duda fue el que más trascendencia logró a través de muchas décadas. No obstante, Le Chat Noir en Montmartre de Paris en 1881 fue el primer cabaret famoso y asediado por criaturas nocturnas de la ciudad luz. Muchos de sus clientes eran escritores pero la mayoría eran pintores y estudiantes de Bellas Artes, quienes solían ser fieles clientes de los placeres noctámbulos parisinos que ofrecían estos recintos. No yendo muy lejos, en la iluminada Barcelona de fines del siglo XIX, surgieron grandes antros nocturnos como el legendario “Els Quatre Gats” en pleno corazón barcelonés. Un rival de peso para el viejo “Molino” de Paralell, vigente hasta la fecha. Los primeros espectáculos de cabaret no tenían prácticamente ninguna semejanza con el music hall,  ya que consistían,  principalmente,  en actuaciones de bailarinas de can-can, cantautores y travestís, como también mujeres disfrazadas de varones, espectáculos que no formaban parte del repertorio habitual del music hall. Además, el can can había sido prohibido por la censura en el Reino Unido. Sin embargo, a lo largo del siglo XX, los cabarets fueron ofreciendo espectáculos cada vez más variados, por lo que muchos artistas de music hall también fueron artistas de cabaret y viceversa. De todos modos,  hubieron países  como el Reino Unido, en los que el público prefería los espectáculos de music hall, o como en Estados Unidos donde se prefería los de burlesque. En España, tuvo más éxito sin duda el cabaret. Una forma particular de espectáculo con una mezcla de canción, comedia y baile donde se podía mezclar entusiastas canciones y actos cómicos. El cabaret sin duda, siempre será un templo para la infinidad de pensadores sedientos de explorar sus lados más oscuros.  Lástima que aquella magia del cabaret se fue con los años y fue sentenciada casi al olvido por la triste modernidad. Así como también ya no ha de  existir aquella sociedad cosmopolita de la época, la cual necesitaba un singular tubo de escape ante la decepción del momento económico y político. No cabe duda, que el cabaret siempre será sinónimo de aquella alegría prohibida por la luz del día y criminalizada por los ojos de aquella hipócrita sociedad ciega ante sus propias taras, aquella misma sociedad que convirtió al cabaret en lo que es hasta hoy, es decir, un icono de la intelectualidad y dirigida estrictamente para gente pensante sedienta de arte y placeres. Sin duda alguna, una especie de reliquia de museo en la historia del hombre.

"Cabaret a la Barcelonesa, Barcelona"
Invierno del 2011
Fotografía y redacción por Denis Vásquez Al Vino 
Nikon D3100 / Nikkor 18-55 f/3.5-5.6 AF-S