

Hay personajes en el mundo del rock que son famosos a pesar de que nunca hayas escuchado un disco de ellos. Sin duda alguna, “Lemmy” Kilmister es uno de esos personajes legendarios en cuestión. Más allá de ser el fundador y cantante de la mítica banda Motörhead, Lemmy brilla con luces propias por su pelo largo, sus verrugas, su vida llena de vicios y mujeres, su voz rasposa aguardentosa y mierdosa, su afición al whisky, su sistema inmune sobrenatural y por su puesta en escena tan clásica como reconocible. En mis casi tres décadas de vida tuve la oportunidad de ver a este demonio viviente en lugares tan diferentes como en mi lejano Perú, mi adoptiva Catalunya y la última vez en aquella congelada y siniestra Alemania en pleno mes de diciembre. Debo admitir que cada vez fue tan brutal como la anterior pero a la vez significativamente diferente. Mi última experiencia con Motörhead en Alemania fue realmente genuina. La noche prometía demasiado con Anthrax como telonero y un frío que te congelaba hasta las hormonas. Mi chaqueta de cuero junto a mi vaso gigante de cerveza de casi dos litros serían mis únicas compañeras en mi cita con el rockandroll. Ahí parado entre tantas melenas rubias alcoholizadas me sentí realmente privilegiado, puesto que vivía en carne propia la sensación y el espíritu de Motörhead en una nueva versión. Cabe resaltar, que no es lo mismo saltar, cantar, golpear tus músculos y ahogarte entre el sudor del alcohol cuando bordeas los 20 años que cuando ya los finalizas. Sin embargo, me sentí con la misma ilusión como si estuviera en mi primer concierto de rock. Son los efectos de vivir una presentación en vivo de Motörhead, pues el día que lo vives te metes automáticamente en la historia del rockandroll, es decir, formarás parte de la leyenda. Ian Fraser “Lemmy” Kilmister nació el 24 de diciembre de 1945 en Burslem, Gales. Se crió con su madre en Anglesey, ya que su padre era un sacerdote protestante que un día estuvo con su madre y al día siguiente desapareció, quizás de ahí el odio a las religiones que siempre ha expresado. El pequeño Lemmy desde siempre había adoptado la faceta de hombre tosco y rebelde, lo que obedecía a su enojo en respuesta a lo que su padre había hecho. La relación de Lemmy con el rock comenzó cuando éste era muy pequeño y conoció a “The Beatles”. Los cuatro de Liverpool le volaron la cabeza hasta el punto de viajar a Liverpool sólo para verles tocar en la Caverna. Sí, Lemmy se puede jactar de haber visto a los Beatles tocando en vivo antes de grabar un solo disco. Al ver a tantas chicas guapas gritando por Lennon y compañía, Lemmy decidió que él también quería ser un rockstar. Tal como ha dicho en un sinfín de entrevistas: “El único negocio que me ha gustado por lo de las mujeres guapas, todos los rockeros metidos en esto las tienen a montones, y a mí siempre me han gustado las mujeres guapas, por lo que lo consideré que sería una buena idea". Lemmy aprendió a tocar bajo de muchas personas y practicando en casa. Nunca tuvo estudios de música, él sólo quería tener una banda de rock, pero no se sentía atraído en lo más mínimo por las consignas pacifistas y hippies de aquellos años. A él le iba el rock and roll más primitivo, el de Elvis, el de Little Richard, Jerry Lee Lewis. A este demonio viviente le iba la calle, la juerga y las nenas físicamente inteligentes. En 1975 Lemmy formó su banda estandarte junto con el guitarrista Larry Wallis y el batería Lucas Fox. El grupo se llamó originalmente Bastard pero fue cambiado posteriormente a Motörhead, el título de la última canción que Lemmy compuso para Hawkwind. El nombre de la canción "Motörhead" proviene de la jerga para denominar a un consumidor de anfetaminas. Poco tiempo después ambos músicos fueron reemplazados por el guitarra "Fast" Eddie Clarke y el batería Phil "Philthy Animal" Taylor y fue con esa formación con la que la banda empezó a ser conocida. Los mayores éxitos del grupo vinieron en los años 1980 y 1981 cuando entraron en las listas del Reino Unido gracias a la canción Ace of spades. Esta canción se convirtió en un clásico inmediato y en una referencia para todas las bandas metal, trash, hardcore e incluso punks de los años siguientes. Lemmy finalmente lo había conseguido, es decir, la fama, rock and roll, fiesta y mujeres guapas. Las letras de las canciones de Motörhead hablaban generalmente de guerra, la lucha entre el bien y el mal, abuso de poder, sexo, abuso de sustancias, y la vida en la carretera. Su música tiene un solo denominador común: sonar rápido y fuerte, muy fuerte. La voz de Lemmy y su estilo en el bajo sobrevivirían a los cambios de formación y darían a Motörhead un sonido reconocible e irrepetible. A pesar de la enorme influencia que la banda ha ejercido sobre toda la música metal moderna, ellos no se hacen cargo y se tildan a sí mismos como una banda de “Rock and roll. Sin embargo, lo que hace más reconocible a Lemmy es su vida privada, llena de todos los vicios posibles, tales como ser un fumador empedernido, bebedor de whisky profesional, ya que bebe por lo menos una botella de Jack Daniels al día, consumidor de todo tipo de drogas: speed, antefaminas, ácidos, éxtasis y excepto la heroína, ya que Lemmy tuvo una mujer a la cual amó, sin embargo ella murió por una sobredosis de heroína; desde entonces Lemmy odia aquella droga. El hijo de Lemmy declaró en una entrevista: “Mi padre un día vino y me dijo: hijo prométeme que jamás consumirás heroína. Mejor ponte speed y pastillas, es mucho más sano”. Otra faceta de Lemmy es su lado mujeriego, puesto que presume de haberse acostado con más de mil mujeres, seguramente la mayoría grupies y relaciones fugaces como todo buen rockstar llevaría a cabo. A decir verdad es un milagro de la naturaleza que éste hombre a sus 66 años siga llevando este ritmo de vida, tocando como una máquina descontrolada y componiendo como si tuviera veinte años. Lemmy es una leyenda viviente, un tipo único que le da al rock alegría y fiesta. Sin duda alguna, un mal ejemplo para todas las personas con un poco de sentido común. No obstante, el rockandroll no entiende de ligeros objetivismos y caretas sociales tan absurdas. La esencia del Rock es vivir como un superhéroe, ser un gladiador de mil batallas y porque no, una especie de dios pagano a quien adorar para combatir la rutina tan simplista que suele ofrecernos la vida.¡No te mueras nunca Lemmy!
"El poder de Motörhead en Alemania"
Invierno del 2012
Fotografía y redacción por Denis Vásquez Al Vino
Nikon D3100 / Nikkor 18-55 f/3.5-5.6 AF-S