La ciudad de Barcelona resiste la crisis y va en la buena dirección al mantenerse entre las cinco mejores ciudades de Europa para hacer negocios, es la sexta en proyectos de inversión extranjera y la cuarta en perspectivas empresariales de exportaciones. Ésta es una de las conclusiones a las que han llegado en la Cámara de Comercio de Barcelona y el ayuntamiento de la ciudad tras analizar el informe anual del Observatorio de Barcelona, que recoge los resultados de 28 indicadores relativos a seis ámbitos: negocios, conocimiento, turismo, sostenibilidad y calidad de vida, precios y costes, y mercado de trabajo y formación.
El informe, sitúa a la capital catalana como la quinta ciudad preferida para hacer negocios, detrás de Londres, París, Frankfurt y Bruselas. Las estadísticas y los números parecen, a simple vista, saludables para el ojo de quien no conoce o peca de ciego, ante la verdadera realidad de esta hermosa gran ciudad. ¿Qué es Barcelona? Uno de esos grandes problemas, ante una juventud un tanto adormecida por la costumbre y unas autoridades que deambulan entre sus despachos, ha de ser la existencia de mendigos por doquier, los cuales resultan hasta pintorescos para los ridículos turistas que suelen tomarles como objeto turístico. Una ciudad de un millón y medio de habitantes, donde un gran porcentaje de los mismos han de ser extranjeros, entre turistas que se quedan, estudiantes que piensan en vivir un idilio o nómades que sólo gravitan alrededor de su adicción por esta gran urbe. Una ciudad cogida para la noche y el desenfreno con sus respectivas consecuencias, debería mantener un orden y equilibrio dignos de una ciudad del nivel de Barcelona. Entre tanto, y muy al margen de aquellos bizarros y pasivos habitantes foráneos, también podemos distinguir aquella lacra inmigrante que atenta contra los principios básicos de toda convivencia. Gente inherente a la delincuencia a pie de calle, prostitución descontrolada e impune comercialización de drogas. La ley está para violarla podrían decir todos, desde el turista que mea en un árbol, pasando por el moro que te arrebata la billetera y terminando por el político corrupto de traje y corbata. ¿Puede vivir una sociedad inmersa en un constante maquillaje? Muy bonito sí, aire cosmopolita de gente que se imagina gente. Colores y belleza que te roban el pensamiento. Fútbol, sexo y rockandroll. Experiencias que te marcan la vida por las buenas o por las malas. Miseria humana y riqueza externa. Y nuevamente, me vuelvo a preguntar ¿Qué es Barcelona? Una ciudad de nadie donde se puede todo por nada, aunque al final todo esto salga realmente caro.
"Mendigo en el metro de Barcelona"
Invierno del 2012
Fotografía y redacción por Denis Vásquez Al Vino
Nikon D3100 / Nikkor 18-55 f/3.5-5.6 AF-S
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