La vida detrás de la muerte siempre ha sido un gran enigma para la humanidad. Desde tiempos ancestrales el hombre ha fantaseado con la idea de morir entre dioses míticos que volvían a la vida como si de dormir se tratase, seres humanos que se reencarnaban en otras especies o hasta el mismísimo hijo de Dios, quien al tercer día osó en resucitar de entre los muertos. Vaya capacidad de ingenio y quizás hasta de profundo aburrimiento, pues tener que volver a la vida después de muerto seguramente no tendrá que ser una tarea precisamente fácil ni agradable. ¿Cuántos de nosotros no hemos perdido alguna vez el sueño por miedo a morir? Cuando era niño recuerdo que vivía atormentado con la idea de estar dentro de un ataúd, no sólo por el hecho de estar muerto sino que también por el temor a despertarme otra vez y morirme, valga la redundancia, vilmente asfixiado. Sin embargo, con el tiempo asimilé que la muerte era un paso inevitable a cumplir en el ciclo de la vida y del cual nadie, salvo sorpresa divina, podría librarse. En la actualidad, el cada vez más absurdo imperio del entretenimiento cineasta y televisivo, ha invertido todo su tiempo y dinero en grandes producciones inspiradas en los muertos vivientes, o mejor dicho en los hoy populares zombies. Ya quedaron atrás aquellas legendarias películas ochenteras donde los muertos, quienes como mala hierba, brotaban de la tierra bailando al ritmo de Michael Jackson. No obstante, los muertos de antes te querían por tu cerebro. Eran adictos a comerse los sesos de la gente y sin importarle la condición intelectual que estos tuvieran. Aquellos retro zombies eran sin duda unos monstruos inteligentes ya que no discriminaban tu grado de idiotez. A diferencia de los neo zombies, insensatos caníbales que se comen todo lo que ven y que en vez de dar miedo suelen dar asco, los zombies de antes aparecían en la lúgubre noche orquestados al compás de los murciélagos, donde casi siempre perseguían a una inocente y hermosa chica de melena rubia, típica imagen americana donde se mezcla el heroísmo de un galán fornido y físicamente inteligente quien llegará a su rescate para que después de la tragedia ambos sean felices por siempre. Pamplinas aparte, no sé si algún día podrán existir realmente los zombies. El mundo está cada vez más putrefacto que no me atrevería a descartar la posibilidad de que algún parásito de la ciencia invente un virus capaz de convertirnos en muertos vivientes. De llegar aquel día, quizás logre entenderme con una zombie de mirada dulce y labios podridos. Finalmente, estaré muy seguro que ella al menos me querrá sólo por mi cerebro.
"Zombiewalk, la marcha de los muertos vivientes en Sitges"
Verano del 2011
Fotografía y redacción por Denis Vásquez Al Vino
Nikon D3100 / Nikkor 18-55 f/3.5-5.6 AF-S
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