En épocas de violencia colectiva es difícil encontrar ráfagas de inocencia entre la gente. Muchas trabas nos impiden, en un mundo cada vez menos pacífico, apreciar la belleza simple que la vida nos ofrece en su estado natural. Contemplar la vida en sí misma sin preguntas, sin peros innecesarios y sin vendas absurdas que sólo permiten cegarnos ante los hechos evidentes, resulta una tarea cada vez menos apreciada. En una sociedad poca humanista centrada en los resultados más que en las formas, nos parecerá sorprendente y agradable toparnos con alegrías espontáneas a pie de calle. Un niño alemán tomando una flor entre sus pequeñas manos mientras el mundano mundo le rodea. Dulzura y belleza invencible para la mirada agria y el estéril murmullo de la gente. Él contempla su hábitat desde la pequeña armonía que su corta existencia le ofrece, es decir, la inocencia en el genio y candor en el poder, ambas nobles cualidades expresadas en una imagen. Y en especial, mirar con tan profunda inocencia como si no pasara nada, lo cual es cierto. Seres como él serán inocentes aún en su malicia.
"Calles de Stuttgart, Alemania"
Verano del 2012
Fotografía y redacción por Denis Vásquez Al Vino
Nikon D3100 / Nikkor 18-55 f/3.5-5.6 AF-S
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