domingo, 17 de noviembre de 2013

Años Maravillosos




Una lágrima llama a otra. Es el incesante círculo vicioso, cruel e infinito, de la vida misma. Una sonrisa se convierte en tristeza, como cada enfermiza tarde de domingo al recodarla mientras intento sobrevivir a mi insensata naturaleza. Dicen que la alegría es efímera porque no es nuestra. Posesiones más posesiones menos. ¿De qué somos dueños? Si en realidad, nada nos pertenece en esta vida y es que vivimos sometidos a la adicción de arrendar momentos preciosos a costos muy altos. Y sí, no somos nada más que inversores de los sentimientos y el despilfarro es nuestro himno. Pagamos sin pensar y sin tener medios metálicos ni morales, en búsqueda del pago, para al menos osar en intentarlo. Hay quienes crecen soñando y otros que sueñan muriendo. Finalmente, esto es vivir señores. La aventura de saber que no somos lo que somos y soñar, sin antídoto, con ese alguien que ni siquiera podremos ser. En 1997, hubo una vez, tiempo lejano, cuando el intrépido adolescente tuvo catorce para quince años. La batalla entre el acné, los calzoncillos manchados y los dientes encarcelados, era una constante de cada día. Sin embargo, eran días de inocencia, jornadas estúpidas de explosión interna, y ansias por descubrirlo absolutamente todo. Yo nunca morí de joven porque los jóvenes nunca mueren o al menos eso es lo que dicen. Siempre busqué el significado de lo indescriptible, y aunque sin mucho éxito, luché por no claudicar en mis instintos hasta agotar lo poco de mi aún decente y pueril integridad. Hubo un momento en el que el sexo era un tabú por encontrar y de qué manera. No conocía el placer carnal ni mucho menos el espiritual. Era un colonizador en tierras hormonales cargadas de morbo  y prohibiciones. Mis orgasmos eran puros en esencia y mi mente, aunque demasiada inútil para el momento, fue fiel siempre a mis noveles erecciones. Un disco compacto original comprado con las propinas de papá. ¡Dios mío, qué placer gastar el dinero en música! Aún recuerdo mi primer álbum de Smashing Pumpkins adquirido como trofeo de guerra en la ya inexistente "Disco Centro" de la avenida Larco. Era un adolescente sin prejuicios y ansioso de pecados. Un paquete de Marlboro rojo fumado a escondidas durante el horario escolar. Una película porno suministrada por compañeros viejos en experiencia. ¿Qué era yo? ¿Qué éramos todos nosotros por ese entonces? Soy de la generación del 83 y crecí con Guns and Roses y Maradona a la cabeza. Nunca tuve voz ni tampoco necesitaba voto. Éramos inocentes y felices, o es que quizás simplemente "éramos". Cuando duplicas aquella edad que tuviste en tu adolescencia, la cronología no tiene compasión con los sentimientos ni con las vivencias. El tiempo no pasa en vano y nuestras muestras de haber vivido claman atención de forma incansable. Un neo-adolescente que se sonrojó oyendo las melodías ardientes del despiadado Billy Corgan nunca podrá volver a ser el mismo. Así como aquel porro que nos fumamos, melena al viento, en el parque de la vuelta. Ese sabor "sui generis" como cuando fuimos puros en sentimientos y en experiencias será siempre una sensación irrepetible. Pasó década y media para sentir nuevamente la sensación de escalofríos musicales como en la adolescencia.  Un quejido interno que clamaba nostalgia y aquella rebeldía que solemos perder con el tiempo. Ahora, Billy y yo mostrábamos barrigas bastante prominentes, y aunque él con menos pelo que yo, ambos poseíamos la tristeza de haber vivido alegremente todo este desenfrenado tiempo. Y sí, es lo bueno de vivir señores. Nadie nos quitará lo disfrutado aunque lo intenten. La vergüenza será mera anécdota, las cicatrices del trajín, un bastión para los herederos; y la factura de la vida, producto de nuestros inolvidables desmanes, serán gratis, ya que vivir no cuesta y recordar tampoco. Sin embargo, las riquezas acumuladas en el recorrido serán siempre infinitamente bellas.

"Remembranzas en Barcelona con Smashing Pumpkins"
 Otoño del 2013
 Fotografía y redacción por Denis Vásquez Al Vino 
 Nikon D3100 / Nikkor 18-55 f/3.5-5.6 AF-S

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