El verano apremiaba en la ciudad condal. Grados de más grados de
menos pudo ser una tarde cualquiera, repleta de anécdotas fugaces entre el trajinar
de turistas con sabor a calor o aventuras sin mayor importancia. Sin embargo,
no iba a ser una jornada cualquiera. Aquella noche se presentaba en la ciudad el
legendario elixir del rock y el blues, lo que en mi lenguaje natural siempre
respondió al nombre de Eric Burdon, aquel cantante británico miembro fundador
de la mítica banda "The Animals" y genio multicultural que lideró
la inolvidable y sabrosa mixtura engendrada junto a los talentosos afroamericanos de WAR. Eric Burdon pisaba
Barcelona, el mismo personaje que hipnotizó a generaciones enteras con aquella
juvenil y ahora aguardentosa melodía de
su recorrida voz. Él tocaría aquella noche ante un nostálgico público
barcelonés, que disfrutó hasta la última gota del concierto de un artista que,
por momentos, pareció inmortal. La Sala Apolo de Barcelona dejó por unas horas su halo de modernidad y se vistió de gala
para reverenciar a un clásico que, cincuenta años después de su eclosión,
demostró mantenerse a un nivel sólo al alcance de los grandes de la música
contemporánea. A sus casi 72 años, el mítico Burdon, a diferencia
de otros monstruos de su generación, no vive de rentas de su pasado
glorioso ni tampoco hace dúos absurdos, en búsqueda de un triste fajo de
billetes, con celebridades baratas del mundo de hoy. Eric Burdon responde a la
esencia natural de un verdadero mito del rock. En una actuación de más de una
hora y media con altas dosis de pasión, el coloso de Newcastle abrillantó las
obras maestras de The Animals y revisó algunas de las perlas de su decimosexto
trabajo, como lo es "Til your river runs dry". El público,
formado mayoritariamente por la vieja guardia de jóvenes del 68, que
crecieron musicalmente con la llamada 'Invasión británica' de The Beatles, The
Rolling Stones y los propios The Animals, reverenció a un
artista que, pese a las marcas de una vida dedicada a los excesos del "rock and
roll", mostró que, en pleno 2013, aún da mucha guerra de la mano de composiciones nuevas, llenas de referencias a la política, la guerra o el medio
ambiente. La voz de "The house of the rising sun" o "It's
my life", sacó a la palestra su versión más combativa con un repertorio
en el que mezcló lo mejor del pasado con sus nuevas composiciones
llenas de referencias a la política, la guerra, el medio ambiente y la
religión. Acompañado por
una banda formada por dos percusionistas, dos teclados, un bajo y una guitarra
eléctrica, Burton apareció de negro con unas lentes oscuras y
empezó la noche con "When I was young" y "Water", dos
rockeros temas que conectaron desde el minuto uno con un público que, pese a no
llenar la pista de la sala del Paralelo barcelonés, se entregó al titánico
esfuerzo del genio británico. Eric Burdon, quien está considerado como
uno de los 100 mejores cantantes de todos los tiempos por la revista Rolling Stone no
tardó en sacar a la palestra "It's my life", uno de los celebres
temas de The Animals, que en pleno siglo XXI sigue sonando a las mil
maravillas. Sin duda alguna, un óptimo directo de su ronca voz. De la actuación
sorprendió, sobre todo, su fortaleza en el escenario. Quizás es por su casi
intacta voz que, pese a su edad, se mantiene en un óptimo nivel en directo, lo
que le permitió deslumbrar con "Bo diddley special", uno
de los nuevos temas con un sonido propio del New Orleans más auténtico. "Misunderstodd" y "Get out this place", dos de las canciones más coreadas que sonaron a himno mientras la noche avanzó
vibrante a base de melodías en las que las guitarras eléctricas y el teclado
marcaban la cadencia brillante de la actuación. Fue con la mítica "The
house of the rising sun" cuando Burdon alcanzó el cenit de la conexión
con su público, que retrocedió, casi enloquecido, en el tiempo para
rememorar una época en la que las ideas imperaban por encima de la economía. Por
si fuera poco, Burdon se guardó otra sorpresa para el final
con "I'm crying", que puso un soberbio punto y final a una noche en la
que reafirmó por qué, pese al inevitable paso de las décadas, sigue siendo uno
de los padres del "rock and roll". Y así lo reconoció el público de la capital
catalana con una cerrada y unánime ovación final para reafirmar que las
leyendas nunca mueren. En lo que a mi respecta, había vivido en carne propia la experiencia de conocer a aquel héroe de infancia que se atrevió a plasmar una calurosa discusión con una amante mexicana en su mítico cántico "Spill the Wine". El titán británico, que siempre se manifestó a través de un viejo cassette regrabado por mi padre, se encontraba frente a mi interpretando todas esas canciones con las cuales crecí y envejeceré. No había asistido a un concierto de rock donde conservar mi entrada significaría un trofeo de guerra. Por el contrario, tuve una cita con mi historia, donde mis sentimientos se expresaron a través de escalofríos musicales, recuerdos cómplices de momentos imborrables y un puñado de lágrimas alegres que siempre estarán sedientas de más vino derramado.
"Derramando el Vino con Eric Burdon"
Verano del 2013
Fotografía y redacción por Denis Vásquez Al Vino
Nikon D3100 / Nikkor 18-55 f/3.5-5.6 AF-S
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