miércoles, 31 de octubre de 2012

Niña del Este



Una atmósfera gris cubrió el mundo durante muchas décadas. Aquella llamada “Guerra Fría” fue la culpable de muchas tragedias sociales entre la población de los países damnificados por la segunda guerra mundial. Desde el este alemán hasta el corazón de la mismísima Unión Soviética demasiadas fueron las tristezas en una época donde los regímenes dictatoriales enmudecían el alma de la gente. Mientras tanto y para no perder la costumbre, el imperio del norte americano manipulaba, a su libre antojo, las esperanzas de la humanidad. Eran tiempos donde el Este era enemigo de todo lo occidental, o al menos esa era la idea que nos vendían los programas pro “living in America”  y sus nefastos derivados. Yo crecí con la idea de “USA contra URSS”, en otras palabras, los buenos capitalistas contra los prepotentes y pseudo cavernícolas soviéticos, quienes vivían aferrados a un comunismo que resultaba sinónimo de muerte y tragedia para los demás. Sin embargo, debo admitir que nunca me cautivaron los placeres americanos impuestos por los medios de comunicación. Ni siquiera el gran Rocky Balboa me robó la emoción en aquella vibrante pelea contra la máquina soviética Ivan Draco, quien sin duda alguna, se convertiría en un referente infantil para muchos. Han pasado muchos años desde aquella vez. No obstante, hoy en la actualidad  aquella bipolaridad mundial sigue  más latente que nunca. ¿Y qué nombre le pondríamos a la guerra del nuevo siglo entre rojos y azules?


"Niña soviética en Alemania del Este"
Primavera del 2011
Fotografía y redacción por Denis Vásquez Al Vino 
Nikon D3100 / Nikkor 18-55 f/3.5-5.6 AF-S

viernes, 19 de octubre de 2012

Cuestión de Tango



Cuesta arriba en un atardecer de primavera nos costaba, valga la redundancia, coger respiración sin percatarnos de la infinita belleza que nos rodeaba. Un aire toscano plagado de arte por donde se vea. Calles pequeñas y curvilíneas que delataban el hermoso desorden de una sociedad fiorentina de por sí acostumbrada al arte.  En una ciudad mágica como Florencia no resulta complicado encontrarse con sorpresas a pie de calle. Mujeres que podrían remplazar a la belleza en el diccionario. Colores de una ciudad amante de los helados y las pizzas. Gente elegante que no pierde la compostura al andar en un suelo casi medieval e incómodo por recorrer. Jóvenes que beben vino sin importarles el mañana. Artistas callejeros que intentan tomar la posta a los genios universales del ayer. Toda esta experiencia tuvo su punto culminante cuando subidos en el monte fiorentino por excelencia, donde reinan los aperitivos y las aventuras, apreciamos a una pareja bailando un tango frente a nuestros ojos.  Una experiencia única con vistas a la ciudad de Florencia con el río Arno como protagonista de la aventura. Un atardecer toscano que encandila hasta al más anti-romántico entre los anti-románticos como es mi caso. Muchas pueden ser las imágenes que se te vengan a la mente, en especial cuando toda esta maravillosa imagen va acompañada de un tango maléfico como lo es y lo será siempre “Ya no estás aquí corazón”  Y pensar que realmente ya no estás más a mi lado corazón. Sin querer te perdiste en la inmensidad. ¿Y cómo darme cuenta de tu silueta escurridiza en la lentitud de mis sentimientos? Desde que te fuiste soy como aquella pistola oxidada sin las balas de tu amor. Ahora en el alma solo tengo soledad. Aquella ausencia de todo envenenada del silencio y sus consecuencias. ¿Y si ya no puedo verte qué podré hacer? Pensar en ti es una enfermedad incurable como la adicción de aquel drogadicto amante de su desgracia. ¿Y a veces me pregunto por qué dios me hizo quererte, para hacerme sufrir más?  ¿Será por mis burlas constantes al infame nazareno? ¿Acaso ser un constante agnóstico me condenó al martirio de tus besos? Y pensar que siempre fuiste la razón de mi existir y aunque nunca creí en nada, adorarte para mí fue religión. Y en tus besos de labial rojo barato encontré el amor de adolescente que asesina hormonas y enferma el alma.  Todo el amor que pensé que me brindaste sólo fue el calor de tu pasión. Es la historia de un amor que enumera la lista infinita de desamores. Mujeres hubieron mil y quizás más pero después de ti nada volverá a ser igual. El mejor Don Juan se derretiría ante tus pies. Ni siquiera tu fría belleza me hizo comprender todo el bien y todo el mal. Hoy ya no estás pero siempre nos quedará aquel tango que bailamos juntos en la plenitud de nuestra mundana vida. El mejor premio consuelo para quienes vivimos de las historias y nos ilusionamos soñando cuentos.  Como dije al inicio, Florencia en una ciudad mágica que te permite fantasear hasta con las experiencias más simples de la vida. 

"Amantes bailando un tango en Florencia, Italia "
Primavera del 2010
Fotografía y redacción por Denis Vásquez Al Vino 
Nikon D3100 / Nikkor 18-55 f/3.5-5.6 AF-S

domingo, 14 de octubre de 2012

La Dama Barcelonesa



Y la vi sentada sobre la arena barcelonesa. No era muy alta, como mucho un metro sesenta y su delgadez la privaba de poder insinuarse a través de un buen marcaje de sus glúteos. Sin embargo, pensé, la señora tenía una buena delantera para no aparentar más de cincuenta años. Era aquel tipo de cuerpo que sin duda suele gustar a la mayoría de hombres: una combinación de pequeñeces y fragilidades que provocan los más lascivos deseos sexuales en aquellos que por sus condiciones nunca habrían podido tener entre sus manos un cuerpo como el de aquella joven eterna y sin tener que dar cuenta de pago por el cariño ofrecido. Sus labios finos reflejaban una especie de sonrisa seductora algo fingida y novata, y sus ojos eran pozos azules, muy azules como el mar que le humedecía el cuerpo, en donde habría que ahondar profundamente para poder adivinar qué pasaba por su cabeza. Una melena lacia y de un rubio acastañado reemplazado ahora por unas elegantes canas. Probablemente el rubio fuera artificial, y ese acastañado fuera el resultado de unos meses sin ir a la peluquería, lo que hubiese provocado que, sin duda, su color natural resurgiera de entre aquel otro amarillo pollo alterado y que seguramente durante su juventud caía de forma salvaje por sus hombros como una cascada, muriendo en el mar de una espalda completamente lisa, llana, donde lo único que podía adivinarse a primera vista  y sólo cuando la joven se quitara el abrigo para buscar en sus bolsillos interiores algo que con éste puesto no era capaz de encontrar y dejó al descubierto su tronco, sólo algo tapado por la parte de los pechos era un lunar en la parte inferior del omóplato derecho y los finos tirantes de un sujetador rojo y una diminuta braga blanca. Sin conseguir inventar una excusa para darse explicaciones a sí misma, cambió el rumbo y esperó a que  el sol abandonara su esplendor para intentar huir de ese lugar plagado de acosadores. 

"Mujer elegante en la Barceloneta"
Verano del 2012
Fotografía y redacción por Denis Vásquez Al Vino 
Nikon D3100 / Nikkor 18-55 f/3.5-5.6 AF-S



viernes, 12 de octubre de 2012

El último Cowboy




Nunca será tu superhéroe ni el protagonista romántico de la película. Amores por doquier entre el historial de las penas son el peor peso de aquel cowboy inseguro de su destino. Nunca será aquel audaz personaje que te salve entre las cadenas. Tampoco lucharía contra monstruos o una banda satánica infantil de villanos en pos de tus besos.  Le llamarás cobarde y lo aceptará con orgullo  alumbrando la sombra de un ángel descansando en un viejo sillón de cuero o quizás un piano desafinado junto a un vaso de whisky en el anochecer perpetuo. Columnas de humo saliendo de un puro casi irreal. Círculos de ámbar reflejan la memoria  de los tiempos donde fuimos derrotados por un Joker irresistible. Cuenta la historia que fui un superhéroe que cabalgaba entre las muertes en el Reino de la noche. Dicen que era el justiciero entre la injusticia pero nunca pude lograr su cometido. Sin embargo, siempre le quedará la noche pérfida y dulce. Aquella satisfacción que empapa el alma de deseo reflejada hasta en la sonrisa de un niño. 


"Niño Cowboy en Stuttgart, Alemania"
Invierno del 2012
Fotografía y redacción por Denis Vásquez Al Vino 
Nikon D3100 / Nikkor 18-55 f/3.5-5.6 AF-S

jueves, 4 de octubre de 2012

Una Aventura Arábiga





Y como olvidar aquella vez cuando la brújula de mis viajes me llevó a la otoñal Marrakech y sus 40 calurosos grados. Desde el momento en que pisé tierra marroquí tuve la sensación de haber olvidado objetos esenciales para mi aventura. Sin embargo, lo que realmente iba a echar en falta sería la previsión y el sentido de la orientación, aptitudes en la cual solía caracterizarme hasta ese momento.  Sudores a parte, me dispuse a iniciar mi travesía por aquella ciudad misteriosa, tan bien elegida por Alfred Hitchcock en una de sus aventuras cinematográficas, en mi caso sólo estaba dispuesto a conocer los rincones más inhóspitos de este mágico lugar. Desde el  primer día me vi empapado como a la vez sorprendido por la infinidad de distracciones y pasajes laberínticos que ofrecía este lugar norafricano. No obstante, nunca disfruté tanto el sólo hecho de sentirme perdido por trepidantes callejuelas que en mi vida imaginé, orientándome por la ubicación del dios Sol como bien lo hacían mis ancestros, pues dejar de lado aquella aburrida lógica lineal, a la cual estamos tan occidentalmente acostumbrados, resultó ser una experiencia formidable. Siempre me gustó ser espontáneo e improvisar cuando fuera posible pero al encontrarte con aquel mounstro social llamado la plaza Djemaa el Fna, me vi desbordado sin poder dibujar un destino fijo en mi mente. Ésta fue la plaza más amorfa y concurrida que pude haber visto en mi vida, genuino lugar para rodar el inicio de “El hombre que sabía demasiado” En el momento menos esperado, me vi asaltado por encantadores de serpientes, carruajes de burros pasando a toda velocidad, modernos pufs de cuero plateado y antiguos remedios bereberes para cualquier cosa, desde relaciones personales hasta el alquiler. Marrakech ha de ser sin duda la ciudad de los comerciantes y del regateo. Pues, conseguir atravesar este caótico lugar resulta una tarea más que complicada pero a la vez fascinante, entre vendedores de todo tipo y de todos los objetos inimaginables  sazonados por ese local  aroma seductor que sabe a todo e igualmente a nada, y como no un ambiente genuinamente musicalizado al compás de los aguadores con turbante que tocan las castañuelas.  Aquel lugar ha de ser un espectáculo vibrante y constante, por momentos sientes que te encuentras en una película de los años 50 o quizás en un teatro al aire libre, donde descubres y redescubres miradas y dramas rutinarios perdidos entre la gente que habita esta parte del mundo y los curiosos que se ven atraídos por su extraño encanto. Infinidad de mezquitas y gritos de oración, que parecen arengas de guerra y lamentos que paralizan la ciudad cinco veces al día, y a le vez decoran el espíritu de esta ciudad anclada en un mundo y tiempo muy diferente. Luego de tanto  estrés por la vida cotidiana de los lugareños, lo mejor que hice fue lograr escapar del alboroto y sus respectivos olores optando por  la mejor recompensa, es decir,  sentarme en uno de los grandes balcones que dan a la plaza y contemplar el maravilloso atardecer de Marrakech. El sol poniéndose en el arábigo horizonte rojizo y bien acompañado del whisky marroquí, en otras palabras, un caliente y exquisito té con menta, me permitió contemplar aquel paraje exótico y envenenado de misterio árabe. La inmensidad del sol consumándose a través del desierto y lograr disfrutar de ese momento a cámara lenta ignorando el bullicio de la gente.  Una sensación sui generis que me dejó sin palabras. Ahora me resulta comprensible que grandes personajes del arte como Hitchcock, Yves Saint Laurent,  Jean Paul Gaultier, los Rolling Stones, los Beatles, Led Zeppelin o el mismísimo Jimi Hendrix se encandilaran por Marrakech y su infinita magia.


"Ancianos marroquíes y el mágico atardecer de Marrakech"
Otoño del 2010
Fotografía y redacción por Denis Vásquez Al Vino 
Nikon D3100 / Nikkor 18-55 f/3.5-5.6 AF-S

martes, 2 de octubre de 2012

Lamento



Oh niña entre las rosas rotas, oh presión de palomas exiliadas, oh presidio de peces y rosales, tu alma es una botella llena de sal sedienta y tu piel una campana llena de uvas ácidas. Por desgracia no tengo para darte sino uñas o pestañas, o pianos derretidos, o sueños que salen de mi corazón a borbotones, polvorientos sueños que corren como jinetes negros, sueños llenos de velocidades y desgracias. Sólo puedo quererte con besos y amapolas hundidos en la prohibición de sabernos y no poder, con guirnaldas mojadas por la lluvia suaves como el cactus incomprendido, mirando cenicientos caballos y perros amarillos. Sólo puedo quererte con olas a la espalda, entre vagos golpes de azufre y aguas ensimismadas, nadando en contra de los cementerios que corren en ciertos ríos con pasto mojado creciendo sobre las tristes tumbas de yeso, nadando a través de corazones sumergidos, amores muertos y pálidas planillas de niños insepultos. Hay mucha muerte, muchos acontecimientos funerarios en mis desamparadas pasiones y desolados besos, hay el agua que cae en mi cabeza, mientras crece mi pelo, un agua como el tiempo, un agua negra desencadenada con una voz nocturna, con un grito de pájaro en la lluvia, con una interminable sombra de ala mojada que protege mis huesos. Mientras me visto, mientras interminablemente me miro en los espejos buscándote sin suerte y en los vidrios, oigo que alguien me sigue llamándome a sollozos con una triste voz podrida por el tiempo. Y mientras tanto tú estás de pie sobre la tierra, llena de dientes y relámpagos. Tú propagas los besos y matas las hormigas.Tú lloras de salud, de cebolla, de abeja, de abecedario ardiendo. Tú eres como una espada azul y verde y ondulas al tocarte, como un río. Ven a mi alma vestida de blanco, con un ramo de ensangrentadas rosas y copas de cenizas, ven con una manzana y un caballo, porque allí hay una sala oscura y un candelabro roto, unas sillas torcidas que esperan el invierno, y una paloma muerta, con un número y entre tanto llanto, apuro al quebranto este canto, para decirte entretanto. Que no es por el miento, sino porque siento el pequeño tormento de un alma sin sentimiento. Y no es el mejor momento, para estar exento en pensamiento, aunque esta vez te lo consiento. Que por más que busco e intento aferrarme al juramento, dejaste anclada tu vida, en la boca del sediento en el corazón sangriento de una pena sin aliento. 


"Unión de lamentos en la Platja de la Barceloneta"
Verano del 2012
Fotografía y redacción por Denis Vásquez Al Vino 
Nikon D3100 / Nikkor 18-55 f/3.5-5.6 AF-S