domingo, 26 de agosto de 2012

Criaturas de Dios



Superar la veintena de grados celsius y darte un paseo a pie suele ser  una experiencia agradable. Si a esto, le acompañamos un paisaje pintoresco repleto de gente interesante, podríamos aseverar que sin duda alguna  será el pasatiempo perfecto. Pues bien, la brújula de mis aventuras me llevó al centro universal de la religión por excelencia, en otras palabras, me encontraba en la ciudad del Vaticano, tierra divina de mitos, falacias, motines y demonios vestidos de santos. Cámara en mano, camiseta de los Doors y una desalineada apariencia, me dispuse a recorrer sus mini calles y enriquecer mi vista con tantos colores humanos, más curiosos que adeptos, gente rara que deambulaba sin motivos pero con la grandeza de sentirse importantes y afortunados de estar situados en el epicentro de la iglesia católica, la gran secta a través de la historia.  Un grupo de monjas coreanas rendían plegarias a un “Dios” que seguramente ni les escuchaba y aún así les regaló un cielo nuboso cargado de lloviznas molestosas. Oírlas rezar y cantar a un ritmo vertiginoso con sutiles toques orientales, me pareció una experiencia fascinante.  Tan fascinante que me recordó  a mi primer desenfreno personal convertido en catarsis cuando allá por el año '97 acudí a mi primer concierto de los legendarios Deep Purple. Esa sensación de estar viendo a tus dioses, de los cuales sólo escuchaste por otros, viste en videocassettes, o leíste por libros y revistas. A diferencia de estas obstinadas monjitas del lejano oriente, yo poseía un  suculento material didáctico para poder adorar a mis seres divinos del rockandroll, y teniendo en cuenta qu logré verlos cara a cara en la plenitud de mi pubertad, la pleitesía eterna estaba más que asegurada.    En cambio, para ellas como para una infinidad de seguidores y creyentes en la divinidad de su particular “Ser Supremo” Dios sería algo así como “la mujer perfecta” lo es para los hombres pensantes, es decir, la imaginamos a nuestro libre antojo pero estamos seguros que jamás la conoceremos. Un grupo de niños nórdicos e impacientes, en el día de su primera comunión, azuzados por la ceguera religiosa de sus padres, son invadidos por las  sonoras monjitas coreanas. Una mixtura católica de emociones y pánicos por parte de ambos bandos. Sólo ante los ojos de Dios, la mezcla racial de sus criaturas se convierte en una fina hipocresía, y en lo que respecta a mi, en un placer exótico para mi ojo fotográfico. Pues dicho todo esto, supongo que creer en “Dios” por estas épocas podría parecer un tanto absurdo. Sin embargo, ser religioso resulta ser ya un acto de  ilusa valentía, por el incesante “que dirán” y asimismo  por las dudosas causas que te impulsan a serlo. No obstante, teniendo en cuenta el  profundo menosprecio a la amplia capacidad de razonamiento que esta arrolladora modernidad nos ofrece y casi impone, la religión ha de ser una tara casi innata y de la cual pocos se librarán orgullosamente. 


"Ciudad del Vaticano"
Primavera del 2010

Fotografía y redacción por Denis Vásquez Al Vino 
Nikon D3100 / Nikkor 18-55 f/3.5-5.6 AF-S

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